La Teologia de la Liberacion latinoamericana y la educacion

Aún en la actualidad está condenada por el Papado, sin embargo, la Teología de la Liberación ha multiplicado sus preocupaciones, enriquecido sus discursos y ha llegado a extenderse a todos los continentes del planeta, sin por ello dejar de ser un pensamiento propio de América Latina que ha repercutido significativamente en la educación.
Antecedentes remotos de la dupla opresión / liberación: la construcción del “pobre”

América Latina es un continente con una larga historia de opresión y dominación, desde el período de la Conquista. Pero también tiene una rica historia de luchas populares y revolucionarias por la liberación, como hemos visto en las clases anteriores y en ejemplos que ustedes han aportado en los foros.

Uno de los precursores en denunciar la opresión a los indígenas fue Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566), el primer Obispo de Chiapas, en México.

Fray Bartolomé de las CasasFray Bartolomé de las Casas

En el siglo XVI, Bartolomé de las Casas explica en sus crónicas Brevísima relación de la destrucción de las Indias:

Dos maneras generales y principales han tenido [los que] llaman cristianos en extirpar y raer de la faz de la tierra a aquellas miserandas naciones. La una, por injustas, crueles, sangrientas y tiránicas guerras. La otra, después que han muerto todos los que podrían anhelar o sospirar o pensar en libertad, o en salir de los

bartolome-de-las-casas tormentos que padecen, como son todos los señores naturales y los hombres varones (porque comúnmente no dejan en las guerras a vida sino los mozos y mujeres), oprimiéndolos con la más dura, horrible y áspera servidumbre en que jamás hombres ni bestias pudieron ser puestas. […]
La causa […] ha sido solamente por tener por su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días e subir a estados muy altos […] por su insaciable codicia e ambición.
Fíjense, y ténganlo en cuenta para su Diario, la importancia que tiene esta crónica como fuente incluso para nosotros. En tal sentido, el filósofo de la liberación argentino Enrique Dussel sostiene que en las crónicas de Bartolomé de las Casas encontramos la descripción bien concreta de la triple

génesis de la dominación: la dominación política (mataron a los varones en las guerras); la dominación erótica (humillaron y amancebaron a las mujeres) y la dominación pedagógica (sometieron a los niños y jóvenes). En la relación política, hermano-hermano, se impone el ego conquiro; y luego en las relaciones erótica, varón-mujer, y pedagógica, padre-hijo. De esta manera se va constituyendo el pobre en América Latina, el dominado, el oprimido. En esta perspectiva sobre el pueblo, está presente la idea del pobre del Antiguo Testamento: los pobres son la viuda (despojada de relación erótica), el huérfano (despojado de relación pedagógica) y el extranjero (despojado de relación política). Algo similar ocurre en un pueblo nuestro, el mapuche, con su concepto de cuñi-fall: “los pobres entre los pobres”.

El contexto de los años ’60
Ahora hagamos un pequeño salto en el tiempo hasta mediados del Siglo XX. Fue recién en la década del 60 cuando la Teología de la Liberación adquiere la forma con la que en la actualidad se conoce. Los acontecimientos históricos que tuvieron que ver con su origen son variados y contribuyeron a un importante desplazamiento político en la Iglesia latinoamericana. Ya en la década de 1950 América Latina estaba convulsionada y surgían diferentes formas de expresión de los sentimientos, los deseos y las luchas de los Revolución de 1952
sectores populares. Desde 1947 proliferaban las radios comunitarias populares (muchas de ellas cristianas), que acompañaron movimientos insurgentes, guerrilleros, campesinos, obreros, etc., sobre todo en Colombia, y en Bolivia, donde las radios de los mineros actuaron decisivamente en la Revolución de 1952. eva-peronEva Perón
La mujer, especialmente a partir de la lucha de Eva Perón en Argentina (entre 1945 y 1952), comienza a adquirir importancia como protagonista de la vida social y política, tal como vimos en la clase anterior. En 1954 la CIA interviene en el golpe de Estado de Guatemala contra el Presidente Jacobo Arbenz Guzmán (entre 1950 y 1954), a causa de su reforma agraria y sus
Jacobo Arbenz GuzmánJacobo Arbenz Guzmán políticas anticoloniales. Uno de los testigos de esos hechos fue Ernesto “Che” Guevara. Es una época de gobiernos populares o revolucionarios en diversos países: Argentina entre 1946 y 1955, Bolivia en 1952, Brasil en 1961, más tarde Perú en 1968 y  Chile en 1970. cia
Pero sobre todo, la convulsión social y el movimiento popular llegan a su punto más alto con la Revolución Cubana,
Fidel_CastroFidel Castro liderada por Fidel Castro y el “Che” Guevara, en 1959. Una cercana amenaza para los EE. UU. y los países poderosos. Y el peligro de que la revolución se extienda a todo el continente. Ernesto “Che” GuevaraErnesto “Che” Guevara
¿Qué pasaba en la iglesia en aquellos tiempos?
Los cambios en la Iglesia latinoamericana
La Iglesia latinoamericana vivía tiempos de fuerte militancia y de compromiso con las luchas populares. Algunos ejemplos son paradigmáticos y tienen nombre y apellido.

El obispo de Talca, Chile, Don Manuel Larrain Errázuris (1900-1966), a principios de los 60 permitió (y alentó) la distribución de las tierras pertenecientes a su diócesis entre los campesinos e indígenas sin tierras. Con esa actitud, Larrain inició un movimiento de reforma agraria espontáneo y en pequeña escala en Chile. En 1962 hace público un documento eclesiástico -una “pastoral”- en la que atribuyó la injusticia y el hambre a la mala distribución de la riqueza y a situaciones de privilegio, denunció el orden social injusto como consecuencia del sistema capitalista e individualista y convocó a llevar a cabo la reforma agraria.

Manuel Larrain ErrázurisManuel Larrain Errázuris
Marcos McGrathMarcos McGrath El obispo de Veraguas, en la selva de Panamá, Don Marcos McGrath (1924-2000), uno de los más jóvenes miembros del episcopado latinoamericano (de unos 40 años al inicio de la década del 60), sostuvo que las transformaciones socio-económicas estructurales son indispensables para la construcción del Reino de Dios. Por eso es acusado de subversivo y de intelectual marxista. Para él, la búsqueda de hoy no es tanto la búsqueda de Dios, sino de la justicia y el progreso de los pueblos oprimidos.
Sergio Méndez ArceoSergio Méndez Arceo El obispo de Cuernavaca (México), Don Sergio Méndez Arceo (1907-1992) que fue un impulsor y activo ideólogo de la Teología de la Liberación, fue llamado el “Obispo Rojo” por difundir textos socialistas y marxistas para comprender el cambio social en América Latina (1926-2002), reconocido anarquista que  impulsó la desescolarización de la sociedad. Apoyó la Revolución Cubana y más tarde (en los 70) denunció la intervención norteamericana en Vietnam y Centroamérica. Con él trabajó en el ivan-illichIván Illich
famoso Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) el pensador, sacerdote y pedagogo austríaco Iván Illich. ¿Ven cómo se van vinculando los campos de ideas que hemos visto en las clases anteriores?
Por su parte, el sacerdote colombiano Camilo Torres Restrepo (1929-1966), en 1964 (a los 35 años) se une a las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia porque dice que los que tienen hambre de pan, de justicia y de humanidad no pueden ya esperar. Camilo Torres, imagen del activismo cristiano, muere en combate en 1966. Camilo pone de manifiesto, con su actitud militante, cuáles son las consecuencias de las vacilaciones de la Iglesia y cuáles los compromisos posibles con los procesos revolucionarios que superen el desánimo y el abandono de los cristianos frente a la situación de opresión de los pueblos latinoamericanos. Camilo Torres RestrepoCamilo Torres Restrepo
El surgimiento de la Teología de la Liberación
Paulo FreirePaulo Freire

Otros aires de cambio también alimentaron la formación de la Teología de la Liberación en América Latina. En Brasil, a partir de 1957 comenzó un movimiento de Comunidades Eclesiales de Base que creció incesantemente en las décadas siguientes. También en Brasil, Paulo Freire, un maestro del nordeste, desarrolló un nuevo método para alfabetizar mediante un proceso de concientización de la situación de opresión, y de educación para la liberación.

Los movimientos de estudiantes y de trabajadores jóvenes de la vieja Acción Católica se fueron comprometiendo con las luchas populares, así como importantes intelectuales católicos, y algunos empezaron a utilizar conceptos provenientes del marxismo para analizar la realidad.
¿Y qué ocurría en otros territorios? En la década del 50 se crea el movimiento de curas obreros en Francia e Italia, que los acerca a las luchas de los sectores populares. A principios de los 60 este movimiento toma fuerza en América Latina.

También tiene influencia en la formación de la Teología de la Liberación la lucha por los derechos civiles para los negros en Estados Unidos, liderada por el Pastor Martin Luther King (nacido en 1929 y asesinado en 1968). La Teología de la Liberación negra ha sido desarrollada en EE. UU. y en las luchas contra el apartheid en Sudáfrica. Por su parte, también se originó en Asia la sinhag minjung (o teología coreana de las masas populares), y la Teología Campesina en Filipinas. En todos estos movimientos, el compromiso con el Evangelio y la reflexión teológica están estrechamente vinculados con la militancia social y política en las luchas de los pueblos oprimidos por su liberación.

Pastor Martin Luther KingPastor Martin Luther King

Por otra parte, la Iglesia universal vivía tiempos de profundos cambios. El Concilio Ecuménico Vaticano II (realizado entre 1962 y 1965) marcó un quiebre en la historia de la Iglesia. El Concilio expresa claramente:

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.”
Dom Helder CamaraDom Helder Camara En  agosto de 1967 se da a conocer el “Mensaje de los 17 Obispos del Tercer Mundo”, encabezados por Dom Helder Camara (1909-1999), obispo de Olinda y Recife, Brasil. El Mensaje lo firman además obispos de Brasil, Argelia, Egipto, Colombia, Oceanía, Yugoslavia, Líbano, Singapur, Laos e Indonesia. Alientan el legítimo combate de los pueblos del Tercer Mundo (que forman el proletariado explotado de la humanidad actual) en favor de la justicia y la libertad. Los obispos dicen que la Iglesia debe aceptar y desear las revoluciones que sirven a la justicia. Reconocen que la Iglesia ha estado generalmente ligada al “sistema”, pero ha llegado la hora en que debe divorciarse del “imperialismo internacional del dinero”, sumándose a los pueblos pobres en su lucha por derribar a los poderosos de sus tronos y enaltecer a los pobres y a los hambrientos, como indica el Evangelio.

Medellín y los movimientos revolucionarios

Es la Conferencia Episcopal Latinoamericana reunida en 1968 en Medellín (Colombia), la que va a significar un paso definitivo en cuanto al accionar de la Iglesia en un mundo atravesado por la dominación y la injusticia. En los Documentos Finales de la Conferencia de Medellín, se expresa:
La situación del hombre latinoamericano está atravesada por la miseria que margina a grandes grupos colectivos. Esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo.
Creemos que el amor a Cristo y a nuestros hermanos será no solo la gran fuerza liberadora de la injusticia y la opresión, sino la inspiradora de la justicia social.
La cristalización del pecado aparece evidente en las estructuras injustas que caracterizan la situación de América Latina. Estructuras opresoras, que provienen del abuso del tener y del abuso del poder, de las explotaciones de los trabajadores o de la injusticia en las transacciones. […] No tendremos un continente nuevo sin nuevas y renovadas estructuras; sobre todo, no habrá continente nuevo sin hombres nuevos.
La cristalización del pecado aparece evidente en las estructuras injustas que caracterizan la situación de América Latina. Estructuras opresoras, que provienen del abuso del tener y del abuso del poder, de las explotaciones de los trabajadores o de la injusticia en las transacciones. […] No tendremos un continente nuevo sin nuevas y renovadas estructuras; sobre todo, no habrá continente nuevo sin hombres nuevos.
Ejército Sandinista de Liberación NacionalEjército Sandinista de Liberación Nacional Frente Farabundo MartíFrente Farabundo Martí Ejército Zapatista de Liberación NacionalEjército Zapatista de Liberación Nacional
La reflexión teológica se enriquece de la mano de procesos de organización popular y de las luchas por la liberación. Esto se observa especialmente en Nicaragua, con el Ejército Sandinista de Liberación Nacional (que triunfa en 1979) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (en El Salvador). Del gobierno sandinista de Nicaragua participan muchos sacerdotes y laicos, entre ellos el reconocido monje y poeta Ernesto Cardenal. También la Teología se enriquece con las nuevas formas de lucha como la del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Chiapas, 1994).
Gaspar García LavianaGaspar García Laviana La Iglesia y la teología de la liberación tuvieron sus mártires que participaron  de estos movimientos populares. Además de Camilo Torres, está el caso del sacerdote guerrillero Gaspar García Laviana (1941-1978), Comandante de la Revolución Sandinista nicaragüense, y el de uno de los máximos exponentes de la teología de la liberación latinoamericana, el jesuita Ignacio Ellacuría (1930-1989), asesinado a sangre fría en El jesuita Ignacio EllacuríaIgnacio Ellacuría
Salvador. Pero es precisamente el obispo de El Salvador, Monseñor Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980, uno de los mártires latinoamericanos más reconocidos en su lucha por la justicia y la liberación al lado de los más pobres. Monseñor Óscar Arnulfo RomeroMonseñor Óscar Arnulfo Romero
Los teólogos y la Teología de la liberación
Gustavo Gutiérrez MerinoGustavo Gutiérrez Merino Los precursores más destacados de la Teología de la Liberación fueron los sacerdotes Gustavo Gutiérrez Merino (peruano) y Leonardo Boff (brasileño), quienes publicaron a principios de los 70 Teología de la liberación (1971) y Jesucristo el liberador (1972), respectivamente. La Teología de la Liberación se conecta con diversas formas de militancia popular e intenta responder a la cuestión de cómo ser cristiano y vivir el Evangelio en un continente oprimido. ¿Cómo conseguir que nuestra fe no sea Leonardo BoffLeonardo Boff
alienante sino liberadora? En este sentido, la Teología de la Liberación se inscribe en una “praxis profética”: denunciando la opresión de los pueblos por parte de estructuras injustas, y anunciando el Reino de Dios en la tierra, como un reino de justicia que implica la transformación de esas estructuras. La praxis cristiana es una militancia bien concreta de construcción de ese Reino, junto a los sectores populares y haciendo una “opción por los pobres” y contra la pobreza. La Teología de la Liberación sostiene que la salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre. Por eso, la militancia cristiana trabaja para eliminar la explotación, las faltas de oportunidades y las injusticias de este mundo, porque la situación de la mayoría de los latinoamericanos contradice el designio histórico de Dios y la pobreza es un pecado social.
Como afirma Gustavo Gutiérrez, la Teología de la Liberación es un acto segundo, es decir, no nace de la producción de los teólogos, sino de la experiencia de compromiso y trabajo con y por los pobres, de lucha contra la pobreza y la injusticia, y de las posibilidades de los oprimidos y dominados como creadores de su propia historia, superadores de sus sufrimientos y protagonistas de su liberación.
La Teología de la Liberación nace del reconocimiento del mundo social, cultural y político de los sectores populares, y de sus propias formas de expresión y reflexión como sujetos históricos. En ella, Jesús es anunciado como quien viene a liberar a los pobres de su opresión, derribando a los poderosos de su trono.
La educación liberadora
El capítulo IV de los Documentos de Medellín (1968) está dedicado a la educación. Como en los demás capítulos, se parte de la situación y las características de la educación en América Latina. Se habla de deficiencias e inadecuaciones, de sectores marginados de la cultura, de los que están afuera de los sistemas educativos, de la orientación de esos sistemas al mantenimiento de las estructuras injustas, de la pasividad y uniformidad de la educación, del acento en el “tener más”, el pragmatismo y el inmediatismo.
Luego, Medellín apuesta a la democratización de la educación y afirma la necesidad de un tipo de educación acorde con el desarrollo integral.
La llamaríamos “educación liberadora”; esto es, la que convierte al educando en sujeto de su propio desarrollo. La educación es el medio clave para liberar a los pueblos de toda servidumbre y para hacerlos ascender de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas” (Documentos Finales de Medellín, 1968: 72-73).
La educación liberadora, agregan los Obispos en los Documentos de 1968, debe ser creadora, “pues tiene que anticipar el nuevo tipo de sociedad que buscamos en América Latina”. Debe favorecer la autodeterminación de los jóvenes y promover su sentido comunitario, por eso tiene que basarse en la comprensión del mundo juvenil. Tiene que estar abierta al diálogo y alentar la integración “en la unidad pluralista del continente”. De allí que se expresa el compromiso para “crear la nueva educación que requieren nuestros pueblos en este despertar de un nuevo mundo” (Documentos Finales de Medellín, 1968: 73-74).
En el capítulo XVI los obispos hablan de los medios de comunicación, y afirman que están forjando una nueva cultura y que aproximan a los hombres entre sí, al favorecer la socialización y el reconocimiento mutuo. Para los Documentos de Medellín, los medios son formas de expresión y, en ese sentido, son educativos y también pueden orientarse para estar al servicio de la liberación, ya que favorecen el despertar de la conciencia (Documentos Finales de Medellín, 1968: 210). Sin embargo, dicen, muchos medios están vinculados a grupos económicos y políticos interesados en mantener el “statu quo”. ¿Han escuchado esta terminología en el debate a consecuencia de la sanción de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual?
Los Sacerdotes tercermundistas y la Teología del pueblo
El Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) fue un movimiento dentro de  Iglesia Católica argentina, que intentó articular la idea de renovación de la Iglesia subsiguiente al Concilio Vaticano II con una fuerte participación política y social. Estuvo formado principalmente por sacerdotes activos en villas-miseria y barrios obreros, entre 1967 y 1976. Como tal, estuvo muy cercano a organizaciones de la izquierda peronista y en ocasiones al marxismo.
Tres sacerdotes porteños, Héctor Botán, Miguel Ramondetti y Rodolfo Ricciardelli, habían hecho circular unos meses antes de la Conferencia de Medellín el Manifiesto de los 18 Obispos del Tercer Mundo (Camara, 1968), proponiendo entre sus compañeros la formación del MSTM. Las respuestas fueron numerosas, y para fines del año 1967 más de 200 curas se habían integrado al mismo. El primer encuentro, realizado en mayo de 1968, contó con el aval tácito de los obispos Enrique Angelelli (La Rioja), Alberto Devoto (Goya), Jerónimo Podestá (Avellaneda), Carlos Caferatta (San Luis), Antonio Brasca (Rafaela), Jaime de Nevares (Neuquén) y Vicente Zaspe (Santa Fe), aunque ninguno de ellos llegó estrictamente a formar parte del movimiento.
Enrique AngelelliEnrique Angelelli Alberto DevotoAlberto Devoto Jerónimo PodestáJerónimo Podestá Carlos CaferattaCarlos Caferatta
Antonio BrascaAntonio Brasca Jaime de NevaresJaime de Nevares Vicente ZaspeVicente Zaspe
Junto con numerosos laicos, el MSTM se dedicó al trabajo social en zonas marginales, además de apoyar las reivindicaciones obreras, lo que hizo que se aproximara y a veces se definiera como parte del movimiento peronista. Especialmente esto ocurrió con el sacerdote villero Carlos Mujica, que fuera asesinado en 1974 por la agrupación parapolicial derechista Triple A. En 1970 expresan en un documento: “En Argentina constatamos que la experiencia peronista y la larga fidelidad de las masas al movimiento peronista constituyen un elemento clave en la incorporación de nuestro pueblo al proceso revolucionario”. De hecho, la mayoría de los tercermundistas fueron peronistas, aunque existieron  curas afines al marxismo, en especial al guevarismo. Padre_MujicaCarlos Mujica

La apropiación de la Teología de la Liberación en Argentina, relacionada también con el tercermundismo, dio origen a la llamada Teología del Pueblo, cuyos más importantes referentes fueron Lucio Gera (1924-2012) y Justino O’Farrell (1924-1981) que fuera integrante de las llamadas Cátedras Nacionales, junto a Alcira Argumedo y Horacio González, entre otros.

Lucio GeraLucio Gera Justino O’FarrellTapa del libro de Justino O’Farrell Alcira ArgumedoAlcira Argumedo Horacio GonzálezHoracio González

Desde la Iglesia argentina, en los Documentos de San Miguel de 1969 se invita a discernir acerca de su acción liberadora […] desde la perspectiva del pueblo y de sus intereses, pues por ser éste sujeto y agente de la historia humana, que está vinculada íntimamente a la historia de la Salvación” […] por lo tanto la acción de la Iglesia no debe ser solamente orientada hacia el pueblo sino también y, principalmente, desde el pueblo mismo. (Scannone, 1997).

En la Teología del pueblo, los temas del pobre y la justicia están permanentemente en relación con los del pueblo, su dependencia y liberación (cf. Gera, Büntig y Catena, 1974). En esos tiempos (fines de los 60 y principios de los 70) se vivía un resurgir popular del peronismo, en el cual se cifraba la esperanza de liberación política y social, distinta del statu quo, pero también diferente de la ofrecida por el marxismo.

Las culturas populares y la educación popular
Por la vertiente nacional de la Teología de la Liberación encontramos una inquietud diferente acerca de las culturas populares. Lejos de muchas opiniones marxistas, que ven en las culturas populares sólo alienación, la Teología del Pueblo rescata el valor de la cultura y de la religiosidad popular. La fe encarnada en la cultura del pueblo acompaña, promueve y dinamiza el proyecto político-cultural del mismo. Desde esta perspectiva se plantea un estilo de trabajo educativo popular que no consiste tanto en la “concientización”, de corte muchas veces iluminista, sino en el acompañamiento de la experiencia cultural y la organización política del pueblo. Esto se desarrollará y profundizará acompañando los procesos de luchas por los Derechos Humanos desde finales de los 70 y los 80, y las políticas populares de distribución y reconocimiento ya en el siglo XXI.

El énfasis de la educación popular ya no está puesto en el antagonismo de clase únicamente. La educación popular desde entonces posee dos trayectorias que vale la pena resaltar:

Las prácticas y procesos experimentados por los sectores populares, donde la “educación popular” sigue siendo expresión del conflicto y posibilidad de ejercicio de la política y de la profundización democrática. Aquí están los movimientos sociales y las organizaciones populares ligadas a múltiples antagonismos (de clase, étnicos, sexuales, de género, generacionales, religiosos, etcétera).

Las políticas públicas que se inscriben en los llamados “paradigmas populares de justicia” (Fraser, 2006), que logran articular políticas de redistribución (encaminadas a la igualdad) con políticas de reconocimiento de identidades sociales o culturales. Estas formas caracterizan las políticas adoptadas por los gobiernos populares de muchos países de América Latina -en sus diversas experiencias y concepciones acerca de los procesos de liberación-, y alrededor de ellas se hacen posibles nuevos modos de entender la educación popular.

Fuente: Instituto Nacional deFormación Docente INFOD
Coordinación: Jorge Huergo Jorge Huergo
Cintia Rogovsky Cintia Rogovsky

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