El peronismo como pedagogia popular y la educacion: 1945-1955

“Yo soy la descamisada,

a la que al fin se le escucha,

la que trabaja y que lucha

para el bien de la Nación.

(Letra: H. Helu Música: E. P. Maroni

Cantada por Nelly Omar. Creada a principios de 1945)

Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte,

detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio.

 (Rodolfo Walsh, “Esa mujer”, 1966)

El lider como educador,  el pueblo como sujeto y el programa politico

Hemos llegado a esta quinta etapa que nos plantea nuevos interrogantes en el recorrido. ¿Por qué? En cierta forma porque, tanto por razones cronológicas como espaciales, hablamos de un proyecto político-pedagógico que, en muchos aspectos, está vigente. Y, a la vez, porque las complejas implicancias del proyecto político-educativo del peronismo requieren un abordaje que supera las posibilidades de este artículo. Sin embargo, intentaremos aquí dar cuenta de alguno de los rasgos centrales que éste desarrolló, incluso de aquellos que para muchos autores no están agotados en absoluto y han sido retomados, resinificándolos, en etapas posteriores. Este análisis supone la
consideración de la dimensión conflictiva que es propia de lo político, en el sentido que le da Chantal Mouffe. (1999: 14). A la vez, vale la pena resaltar una vez más nuestra concepción de la educación como una herramienta capaz de transformar a la sociedad y es en ese sentido que nos interesa indagar al peronismo: ¿a qué tipo de sujetos interpeló? ¿Qué impacto tuvo este pensamiento y las acciones del peronismo, en la configuración de nuevas subjetividades? Desde ya, estas interpelaciones van más allá de los límites de los programas educativos e incluso, de la dimensión histórica de los gobiernos peronistas, como veremos más adelante.  Chantal MouffeChantal Mouffe
Tenemos que tratar de pensar la educación, tal como vimos en los artículos anteriores, mucho más allá del sistema escolar, para entender la dimensión político-pedagógica de estos proyectos de país. Porque el propósito de estas entregas no es tanto mirar las “pedagogías” o los hechos educativos de cada período, sino más bien identificar la dimensión educativa del pensamiento político latinoamericano; en este caso, el peronismo. Esto es, ¿qué hay de interpelador en un discurso político como el peronista? ¿Qué tipo de sujeto social y político pretende formar ese discurso? ¿Cuáles son, en general, los alcances formativos o educativos del discurso político peronista?, teniendo en cuenta que el discurso está hecho no sólo de palabras sino también de acciones, de experiencias, de hechos, de políticas concretas.
De modo que, en primer lugar, podemos decir que el peronismo constituyó un programa político-formativo nacional, popular y en clave latinoamericanista, que se propuso incorporar, por primera vez y de manera masiva, a los trabajadores y a los sectores populares (el pueblo) en un sistema educativo que acompañara al proyecto productivo nacional. A la vez, incorporó a la vida política y al ejercicio más pleno de la ciudadanía a las mujeres, es decir, al menos a la mitad de la población, asumiendo de
Juana AzurduyRetrato de Juana Azurduy este modo las banderas de luchas que habían comenzado décadas antes, simbolizadas en figuras emblemáticas como Juana Azurduy, y más adelante en las militantes socialistas, anarquistas, radicales, que reivindicaban la necesidad de democratizar la sociedad habilitando, para ello, la participación política de las mujeres. En consecuencia, el proyecto peronista impactó de manera directa en todos los hogares y en las configuraciones familiares, el orden social y la concepción de los roles y de la infancia, como sujeto de derechos privilegiado.
Es en este sentido, precisamente, en el que se lo puede considerar la dimensión educativa de este discurso político, ya que no sólo interpeló como sujeto político al pueblo, sino que al interpelarlo, al mismo tiempo que lo reconoció, impulsó la configuración de su identidad política, lo cual podría decirse que es el núcleo de su tarea educadora.
Esta operación, que se dio tanto en el plano del discurso como en el de la acción política, constituye el centro de la trama pedagógica del peronismo y un rasgo distintivo de los movimientos populistas de América Latina (en el sentido de Laclau), que se harán cargo de la conflictividad política implicada en la distribución desigual de la renta, tanto hacia el interior de la sociedad argentina como en el orden mundial de los poderosos imperios que someten a los pueblos, apoderándose de sus recursos. A la vez, en este diálogo, en este intercambio, entre el conductor del Movimiento Justicialista y su interlocutor  ernesto_laclauErnesto Laclau
Eva PerónEva Duarte de Perón privilegiado, el pueblo argentino, Eva Perón jugó un papel fundamental, incluso desde el punto de vista del lenguaje, en la interpelación a organizarse para luchar, desde la unidad popular, por la independencia económica, la justicia social y la soberanía política. Si por un lado Juan Perón ejerce la autoridad y el poder en cuanto líder, conductor militar y “maestro”, esta tarea pedagógica, el magisterio popular, por decirlo de otro modo, está mediado por “Evita”. Ella representa al pueblo, proviene de su seno, comparte sus sentimientos y aspiraciones ya que ha sufrido en carne propia la injusticia social y, como éste, aprende mientras enseña, lucha y milita. Así lo expresa en Mi mensaje (1952: 5):
le pedí [a Perón] que fuese mi maestro y él, en las treguas de su lucha, me enseñó un poco de todo cuanto pude aprender. Me gustaba leer a su lado. Empezamos por “Las vidas paralelas” de Plutarco y seguimos después con las “Cartas completas de Lord Chesterfield a su hijo Stanhope”. En un tiempo me enseñó un poco de los idiomas que él sabía: inglés, italiano y francés. Sin que yo lo advirtiese, fui aprendiendo también a través de sus conversaciones la historia de Napoleón, de Alejandro y de todos los grandes de la historia. Y así fue que me enseñó también a ver de una manera distinta nuestra propia historia. Con él aprendí a leer en el panorama de las cuestiones políticas internas e internacionales. Muchas veces me hablaba de sus sueños y de sus esperanzas, de sus grandes ideales. Juan-Domingo-PeronJuan Domingo Perón
Además de esta formidable tarea educadora que se dio en el campo de las comunicaciones, las fábricas, en las organizaciones sindicales, en las unidades básicas, se procuró modificar el discurso, el currículum y las prácticas pedagógicas, revalorizando los saberes “socialmente productivos” y colectivos de los trabajadores (Puiggrós, A, 2004: 31), las tradiciones de pedagogías no liberales (hispanistas, de “valores”, cristianas), en paralelo al proceso de reconocimiento de derechos que este formidable movimiento instituyó en la Argentina de los años 40.

Multiples tradiciones

Como la mayoría de los proyectos latinoamericanos populares, el peronismo produjo una síntesis, no exenta de contradicciones, de varias tradiciones de las que se fue nutriendo y que estaban presentes en la configuración cultural de los sectores 
hipólito-YrigoyenHipólito Yrigoyen populares: el catolicismo nacional, en oposición al proyecto liberal y positivista; nacionalistas y populares como el radicalismo de Yrigoyen, algunas expresiones del socialismo y del comunismo, e incluso del marxismo leninista en su expresiones políticas más radicalizadas. Conviene no perder de vista el contexto de los años 40: incluso los gobiernos surgidos del fraude electoral comienzan a tomar medidas de intervención estatal en la economía, si bien fueron para favorecer a los sectores dominantes y como respuesta a la crisis mundial del 30, que había afectado al modelo agro-exportador argentino en el cual descansaba la renta de la oligarquía; por otro lado, la Guerra Mundial, que al modificar la geopolítica y habilitar el surgimiento de un nuevo orden mundial, con Estados Unidos y la URSS a la 
cabeza de los dos grandes bloques, obligaba a América Latina y a nuestro país en particular, a tomar una posición diferente de la tradicional alianza que la oligarquía nacional, mediante los sucesivos gobiernos, mantenía con el Imperio Británico. Los Aliados, con los británicos a la cabeza, a su vez presionaban para que se abandonara la política de neutralidad de nuestro país, de tradición pacifista. 
Por su parte, la incorporación masiva de inmigrantes de la Europa empobrecida y en conflicto, había contribuido a la emergencia de nuevos actores a la vida social y política nacional, modificando los rasgos de las configuraciones urbanas y rurales; el incipiente surgimiento de una industria que generaba nuevas demandas, y nuevos saberes en la formación y capacitación de los trabajadores, las organizaciones de sindicatos que pugnaban por mejorar sus condiciones de vida y un sistema educativo cuyo modelo positivista y enciclopedista liberal, no daba respuesta a los nuevos desafíos de la época y la necesidad de incluir a cada vez más argentinos. Pensemos, por dar sólo un ejemplo, en la altísima tasa de deserción escolar en el nivel primario de 1943:
773.117 ingresantes a primer grado en 1937, quedaban 107.565 que lo hicieron en 1943 a 6to. grado, es decir que desertaron 66.552, el 86 %, pese al elevado número de escuelas, 13.000, y de maestros, 67.000, diseminados por el territorio nacional. […] Se trataba, pues, de “vitalizar” la escuela, dándole activa participación en la vida social cuyo factor más eficiente era el trabajo. (Puiggrós y Bernetti, 2006: 236)
Tenemos, entonces, nuevos actores sociales: obreros y técnicos que deben ser capacitados para los nuevos desarrollos industriales; transformaciones socio-demográficas, al cambiar la distribución territorial y la organización de la población; mujeres que se incorporan masivamente al mundo del trabajo; impulso de un modelo de desarrollo con valor agregado a la producción nacional, para efectuar intercambios comerciales con un mundo que estaba mutando hacia un nuevo orden. Y un rol central del Estado en la planificación e implementación de estas políticas. Por su propia experiencia educativa, (su doble condición de militar y de docente de la Escuela Superior de Guerra) Perón entendía las ventajas de la promoción social por medio de la educación, así como la dinámica de la construcción y la comunicación políticas como una verdadera pedagogía. También la necesidad de la formación continúa para habilitar la participación popular y la democratización de la sociedad, ya fuera mediante la educación formal como de los espacios de formación profesional no formales, en organizaciones sindicales, fábricas, bibliotecas populares. Es decir, el peronismo entiende la necesidad de utilizar los dispositivos tecnológicos de la comunicación (en sentido amplio), no de manera instrumental sino con sentido pedagógico, en diálogo con los nuevos sujetos que incorpora e interpela, fuera y dentro de los límites de la educación formal. Transformar el espacio público, los edificios públicos, nacionalizar el transporte (trenes) o las comunicaciones, son medidas de un impacto educativo cultural difícil de evaluar para quienes hemos naturalizado esas condiciones.
Dispositivos de orden arquitectónico: los Hogares Escuela, la construcción de nuevas escuelas, los Hospitales, el País de los Niños –hoy llamada “República de los Niños”; el acceso a la vivienda por medio del crédito; los hoteles sindicales, que modifican la geografía, el paisaje y las condiciones de vida de los ciudadanos hasta entonces excluidos: habrá pues un sistema de salud pública de alta calidad accesible a todos; una concepción de apropiación de los espacios públicos por medio de la participación País de los Niñosel País de los Niños
17 de octubre del 1945 popular (la Plaza de Mayo será considerada la Plaza del Pueblo luego del 17 de octubre del 1945, así como será el escenario de la primera represión hacia civiles, incluyendo cientos de niños, precisamente por eso, en 1955); estrategias en la comunicación pública de las acciones de Gobierno (noticieros como “Sucesos Argentinos”,
gráfica y afiches de los Planes Quinquenales, discursos públicos y clases), irán configurando una pedagogía social y política. La construcción discursiva expresada en símbolos como las máquinas de coser entregadas a las jefas de hogar o los juguetes para el Día del Niño; el lenguaje corporal y verbal de los discursos de Evita, en su diálogo directo con el pueblo en la plaza o por la radio (“mis descamisados”); las políticas estatales de promoción de las industrias culturales nacionales (cine, música, teatro, bibliotecas, escritura,
Eva y Domingo Perón
simultánea a la organización de los autores, artistas populares y trabajadores de la cultura para proteger sus derechos) entre otros, configuran conjuntos textuales frecuentemente no organizados como “curriculum”, programa, espacio formativo, propios del peronismo.
Hemos insistido a lo largo de estos artículos de la educación transformadora en lo social y en las subjetividades, en aquello que provoca un impacto psíquico en los sujetos, liberador. Que repercute en las sensaciones, el modo de percibir el mundo, sentirlo, interpretarlo y representarlo por medio de diversos lenguajes. No es posible dimensionar acá, pero sí al menos señalar, el impacto democratizador, formador, en la dimensión pedagógico-espacial que tuvo este proyecto para las masas populares.
“Cuando la gente vive hacinada, cualquier acción que alguien emprenda tiene repercusiones sobre los demás […] El espacio de las opciones es también limitado.” (Berger, John, 2011:93)

Independencia economica, unidad e industrializacion

Al mismo tiempo, este movimiento que integró tradiciones nacionalistas con rasgos progresistas (en el sentido de la ampliación de derechos), entenderá la necesidad de conformar un modelo político latinoamericano, una invención original, en el sentido que ya vimos con Simón Rodríguez, de desarrollo e integración para los pueblos. Este modelo persigue la independencia económica, y como tal es antiimperialista e integracionista, pues al recuperar el corpus de ideas de San Martín, Monteagudo, Rosas, Yrigoyen y otros, reconoce la necesidad de conformar un bloque de naciones iberoamericanas para poder producir los recursos y negociar en condiciones de igualdad con los grandes imperios mundiales. ¿Saben de dónde proviene la categoría de “tercera posición”? Justamente alude a eso, a no importar los modelos (ni en el campo de las ideas ni en el campo de la praxis política) ni alinearse con uno de los dos grades bloques de poder mundial: ya se tratara del capitalismo o del socialismo. Es así que surgirá el nombre, algo degradado en la actualidad, de justicialismo: un movimiento político fundado en la idea de la justicia social y la distribución de la riqueza. En la educación, esta posición será expresada por el Ministro José Pedro Arizaga al proponer un programa (1947-1951) que presente un equilibrio entre materialismo e idealismo.
Es de destacar que la necesidad de superar el límite de una construcción hispanoamericana, integrando a Brasil, y comenzar a hablar de Iberoamérica, ya está presente en las ideas que Perón expresaba en la década del 50, tal como se refleja en el Discurso que pronunciara en la Escuela Nacional de Guerra del 11/9/53, cuando anticipa que, en función de las necesidades del desarrollo de la industria de energía y alimentos, las características de escasa población de América Latina, entre otras, las posibilidades de crecimiento para esta región se fundan en la unidad y la integración económica: “pienso yo que el año 2000 nos va a sorprender unidos o dominados” (Oporto, 2011: 401). Seguramente han escuchado esa frase más de una vez.

El primer trabajador como categoría identitaria: el gran ordenador social

Para entender cómo se construye la identidad peronista, hay que considerar que en ese contexto, y por décadas, el trabajo fue el gran organizador social ya que
hacia mediados del siglo, en el proceso de industrialización y sustitución de importaciones, la cultura política generada por el peronismo colocó al trabajo en un nuevo lugar, articulándolo al plano de la ética, la justicia y la política. El trabajo se consolidó como un espacio central de construcción de identidad. Surgen el ser “ypefiano” en la Patagonia o el ser “ferroviario”, de la “familia ferroviaria” (Puiggrós, A. y Rodríguez, L. 2009:17)
Probablemente alguno de ustedes provenga de o conozca a alguna familia “ferroviaria”, ¿verdad? En los años 40, la inserción en el mundo del trabajo estaba casi asegurada para los jóvenes y la aspiración para ingresar a la Educación Media se iría convirtiendo en un horizonte posible para los sectores medios que irán surgiendo al calor de las políticas de industrialización y distribución de la riqueza del peronismo. De modo que la figura centralizadora, tanto en el orden simbólico como en el material, es el trabajador.
Esta nueva identidad (e identificación) para los sectores medios y bajos está tan presente que forma parte de la Marcha Peronista; es el título con el cual se autodenomina el propio líder y la figura casi excluyente de los libros de texto escolares, la gráfica de propaganda política de los planes de gobierno, entre otros. disco_los_muchachos_peronistasMarcha peronista
¿Pero cuál será entonces la propuesta pedagógica que acompañe, fortalezca y de sustento a este proyecto fundado en tres pilares que terminaron por configurar las consignas centrales: soberanía política, independencia económica y justicia social?

“Los unicos privilegiados”: el campo pedagogico y las consideraciones acerca de la infancia

Sandra CarliSandra Carli En cuanto al campo pedagógico, especialistas como Sandra Carli enfatizan las tensiones que, en los años 40, lo atravesaban: por un lado, entre quienes sostenían posturas en defensa de la “educación social” como los socialistas de Palacios, y, por otro, quienes reivindicaban (los comunistas de Rodolfo Ghioldi), los derechos y la autonomía del niño. La hegemonía de la educación pública habilita que estas tensiones y debates se den hacia el interior del propio sistema, entre el escolanovismo y el denominado nacionalismo católico, principalmente. Al mismo tiempo, la “cuestión nacional” (en la doctrina peronista la Nación es una organización que incluye al pueblo) agudizaba la tensión entre quienes adscribían a la hegemonía liberal (y habían 
PalaciosAlfredo Palacios apoyado electoralmente a la Unión Democrática) y quienes proponían un proyecto vinculado a un nuevo modelo de desarrollo nacional que, al basarse en la industrialización –y no en el modelo agro-exportador- requería la incorporación masiva de trabajadores al sistema educativo, la formación para el trabajo y la adquisición de nuevos saberes científico-tecnológicos. A su vez, integrará a sectores del nacionalismo católico, con su rechazo hacia la tradición laica del normalismo Rodolfo GhioldiRodolfo Ghioldi
argentino, a la vez que una promoción de mayor autoridad por parte de los docentes.
En ¿Qué pasó en la educación argentina?, Adriana Puiggrós observa que el triunfo electoral del peronismo hizo que “toda la gente que había votado por la Unión Democrática temió por la educación aunque por motivos diversos. ¿Temió? Sí. ¿Pero por qué temor? La oligarquía y la clase alta tenían miedo que los “cabecitas negras” (cual los desarrapados de los que hablaba Simón Rodríguez) invadieran las limpias aulas de las escuelas, como antes habían temblado ante los inmigrantes y los anarquistas de principios de siglo.” Fíjense la terminología que emplea la autora: “las limpias aulas de las escuelas”. ¿A qué “limpieza” aludirá?
Sólo en el campo educativo sino en el conjunto de sus políticas, el peronismo impulsó la promoción de la infancia como pilar de la dignificación social y la construcción de ciudadanía, en la consideración del niño como sujeto de derechos, y para ello sostuvo la impronta de los valores morales, que darían unidad en la acción y que se sintetizaron en la difundida consigna de “los únicos privilegiados son los niños”, tomada probablemente de un discurso que pronunciara Eva Perón al inaugurar los Torneos.
La reforma de Arizaga
La revolución de 1943 que precedió al triunfo del peronismo en las urnas no sólo puso fin a décadas de fraude y gobiernos conservadores ilegítimos, sino que tuvo un sesgo nacionalista contrario a la hegemonía liberal dominante. Aunque no exento de contradicciones, por su propia configuración como un movimiento de masas en el que se aglutinaron sectores con ideologías diversas, el proyecto educativo del peronismo, plasmado en la reforma que encabezó Jorge Pedro Arizaga en 1947 para acompañar el primer Plan Quinquenal (1946-52), se fundó en principios como:
  • nacionalizar el currículum;
  • vitalizar la escuela (tomando algunos lineamientos de la Escuela Nueva);
  • promover aptitudes y habilidades vinculadas al medio, el dominio material, las ciencias y la aplicación de técnicas;
  • reemplazar el uso del término “oficios” por el de manualidades;
  • lograr el dominio del medio material requiere la adquisición de conocimientos técnicos y científicos desde la educación primaria hasta la Superior.
 
En síntesis, esta reforma llegaba para incorporar la gran demanda de educación básica y laboral de la sociedad de los años 40 y, por otro lado, lo hacía creando un ámbito separado del “tronco clásico mitrista (bachillerato-universidad)” (Puiggrós, Bernetti 2006: 241). En cuanto a la educación universitaria, está dependería de la sección universitaria del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública. Más adelante se producirán otras reformas, tendientes a fortalecer la educación industrial y técnica en una relación positiva entre educación y trabajo que no fue ajena, por supuesto, a los debates y transformaciones que atravesaban al campo político-pedagógico. Cabe destacar la creación de instituciones como:
  • Escuelas-fábricas: que funcionaban dentro de las fábricas y brindaban dos tipos de niveles y de títulos, el nivel básico -post primario- otorgaba el título de “experto” en una especialización técnica, y el nivel medio que daba el título de “técnico de fábrica”.
  • Misiones: Misiones Mono técnicas y de Extensión Cultural (para varones) y Misiones de Cultura Rural y Doméstica (para mujeres). En el ámbito rural, eran centros educativos transitorios que se desplazaban cada dos años. Se enseñaba un oficio rural, además de cultura general y legislación laboral. El objetivo era favorecer el arraigo en el campo, en sintonía con la Constitución del 49 y el Plan Quinquenal.
  • Universidad Obrera Nacional: creada por ley del año 1948 el objetivo era satisfacer las necesidades de la industria nacional. Los estudios duraban cinco años y el título era “Ingeniero de fábrica” en una determinada especialidad. Es el antecedente de la que sería la Universidad Tecnológica Nacional.
 
Para finalizar: Cuesta analizar el alcance de la pedagogía peronista sino somos capaces de hacer un poco a un lado nuestros prejuicios, y observar el más allá de los límites del campo escolar y su sistema de gestión, administración y producción de contenidos curriculares y textos. Como en todos los casos, el modelo impulsado (de escuela, de familia, de democracia, de sociedad), debe ser puesto en el contexto histórico correspondiente e ir más allá del propio Perón y sus gobiernos. “El sentido del peronismo se vincula […] con la transformación económica, social, cultural [que incluye la dimensión educativa] y política que las grandes mayorías argentinas experimentaron en aquellos años. (Grimson, 2012, 179)
El derrocamiento de Perón en el 55, los bombardeos a civiles, la persecución política, los fusilamientos del 56 y la proscripción del movimiento que impidió la construcción, incluso en los breves espacios de tiempo de gobiernos civiles, de una verdadera sociedad democrática, no logró erradicar la vigencia de muchas de estas transformaciones. derrocamiento
Fuente: Instituto Nacional deFormación Docente INFOD
Coordinación: Jorge Huergo Jorge Huergo
Cintia Rogovsky Cintia Rogovsky

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